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En las décadas de 1960 y 1970 se dió en los paises de Nuestra América,
y particularmente en los paises del Cono Sur, la posibilidad del desarrollo de la lucha revolucionaria por
parte del pueblo y sus organizaciones, contra el imperialismo y sus socios locales: la oligarquía, los
terratenientes, la burguesía nacional, y sus fuerzas represivas.
Golpes militares, represión abierta, escuadrones de la muerte, terrorismo
de Estado, fueron moneda común con la que las clases dominantes pretendían cobrar al pueblo su valentía
y decisión de combatir por un presente digno, por un futuro luminoso, por la felicidad del conjunto de los
trabajadores y el pueblo.
Miles de obreros, campesinos, estudiantes, intelectuales, trabajadores de
todo tipo, se lanzaron a la conquista de su futuro y forjaron con sus manos las herramientas necesarias
para la realización de sus sueños.
Asi fueron surgiendo, por todo el mapa americano, organizaciones
populares y revolucionarias que impulsaron y en muchos casos lograron dirigir las luchas del pueblo contra sus
enemigos.
Se abrieron situaciones revolucionarias que pusieron a prueba la
combatividad de las mismas, y la historia fue implacable con su juicio: quienes no tomaron las armas
contra las dictaduras y el imperialismo quedaron fuera de la historia, fuera del epicentro de la lucha de
clases. Quienes se hicieron cargo de la situación y de las tareas del momento fueron quienes no negaron
ningún método de lucha. Estos fueron quienes se enfrentaron en el campo de batalla contra los
imperialismos y sus socios locales, estos fueron quienes, junto al pueblo, dieron su vida en la lucha
revolucionaria.
Hoy, pasadas tres décadas de estas heróicas gestas, de estos innumerables
combates de masas, es que seguimos sufriendo los males contra los que lucharon nuestros hermanos,
nuestros compañeros, nuestros pueblos.
La revolución no triunfó en nuestro continente y retrocedió en otros.
La desintegración de la URSS y el campo socialista nos colocó a la defensiva luego de un siglo en que el socialismo
representó el ideal de futuro para los trabajadores y los pueblos del mundo. Durante más de una década nos hablaron del
del fin de la historia, pero los pueblos del mundo y en primera fila los de nuestra América comenzaron, tercamente,
a remontar la cuesta. En la actualidad la palabra socialismo retornó para alumbrar nuevamente el futuro. El ejemplo,
la constancia y la entrega del pueblo cubano, de la revolución cubana y de Fidel siguen marchando al frente de
nuestra columna. Desde Venezuela y Bolivia nos llegan los estruendos del fragor del combate. Otros pueblos
también se suman a la lucha. En Argentina, después del genocidio contra nuestros compañeros, y del vaciamiento
ideológico resurge impetuosa la juventud revolucionaria.
Desde hace cuatro años la Catedra Che Guevara, trabaja por construir
un espacio donde esa juventud pueda recuperar su historia, la que le negaron los ricos, recuperar sus
ideas, su ideología y poder decir con el Che que aspira a construir la sociedad del hombe nuevo.
Desde esta tribuna pretendemos estudiar nuestro pasado y forjar
nuestro presente, participar en nuestras luchas con nuestras ideas desprovistas de la influencia de
la burguesía, para juntarnos, encontrarnos, organizarnos y prepararnos para la larga marcha que nos espera,
la que encontrara su máxima en las palabras del Comandante Guevara: "luchar contra el imperialismo donde
quiera que esté" porque "...que importan los sacrificios de un hombre o de un pueblo, cuando lo que esta
en juego es el destino de toda la humanidad."
Cordinador: Daniel De Santis
Organiza: Juventud Guevarista
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